- Con el Principal Pérez. Dijo seco, sin dar mayores precisiones
- No se encuentra. De parte? Contestó de modo tal que quedara en claro que así, cortante, le sonaba a maleducado, y un Sargento de la Policía Bonaerense no podía dejarse prepotear por cualquier pelotudo que llamara por teléfono.
- Soy el Juez de Amarillas. Dijo aún más seco poniendo las cosas más en claro. Los talones del Sargento se juntaron casi como un acto reflejo, y se descubrió irguiéndose y casi haciéndole la venia al teléfono.
- Espere un segundito en línea que le paso.
- ¿No era que no estaba?
- Sí –tartamudeó. Pero creo que está entrando a su oficina.
El juez Silvio Ruiz Menéndez sonrió pensando en lo mal que mentía ese adoquín de Sargento que tenía la Subcomisaría de Villa Cualquiera. Sabía que el Jefe del Destacamento estaría en el lugar, más aún con un par de muertos frescos.
- Hola? Sr. Juez?
- Dígame, Principal. ¿Acaso lo tengo que llamar yo para que me haga la consulta?
- Faltaba más su señoría. Estaba poniendo en orden los papeles para ponerlo en autos y pedirle dirección, como ya sabrá ha ocurrido un doble homicidio. Una pareja de ancianos. Ella murió con signos evidentes de asfixia, él de un balazo.
-Dígame algo que no sepa. Lo sobró el Juez que, apenas enterado del suceso, llegó al pueblo de incógnito, y se mezcló entre la gente para tener una impresión de primera mano de lo ocurrido.
-Hasta ahora ordené hacer lo de rutina: médicos, fotos, la científica levantando huellas. Los cuerpos están llegando a la Morgue.
-Testigos directos?
-Aún no. Estaba saliendo para tomar declaración a los vecinos. No parece posible que no se haya escuchado el escándalo.
-Oígame tres cosas, principal. Apenas tenga algo, llámeme, no importa la hora que sea. Si sigue como hasta ahora, o sea, si sigue en pelotas, no me llame, y por último, dígale a su Sargento que aprenda a macanear. Ya debería reconocer en el aire la voz de un Juez.
muy bien descripto ese juego de poderes (de cuarto orden) entre jueces de instrucción, instructores policiales, y los lacayos de éstos. maltratos y verdugueo.
ResponderSuprimirS A L: Si lo sabré, mi querido!!!
ResponderSuprimirMe sumo al elogio y contenido, aunque los magistrados suelen ser un poco más sutiles...saludos.
ResponderSuprimirCómo se nota que hay cosas que tapar que hasta parece que les interesa resolver el caso!!
ResponderSuprimirAbrazos!!
Javier: se ve que usted conoció magistrados más refinados que aquellos que suelen pulular por la justicia de las provincias. Algunos son más brutos todavía!!
ResponderSuprimirNos vemos en un rato que se viene el nuevo capítulo.
Etienne: ese es el juego que usan normalmente. Se llama "la estrategia del caballo de ajedrez". Dan un paso para adelante y dos para el costado; o si les interesa mucho, dan dos pasos para adelante, y uno para el costado.
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