miércoles 21 de diciembre de 2011

LAS ALMAS REPUDIAN TODO ENCIERRO

-Contame, le dijo, fingiendo serenidad y confianza.

El Peloe no sabía para qué lo tenían allí.

Sintió el ambiente tenso. El principal y su lugarteniente lo miraban fríamente.

No era la primera vez que declaraba ante la policía.

Vivía en un barrio denso, y solían ir a buscarlo para atestiguar sobre robos que cometieron otros.

Una vez por algo que él había hecho.

Esa vez no se defendió y logró un poco de compasión. Apenas unos meses en suspenso. Y el antecedente, claro, que era esgrimido una y otra vez por los distintos policías que buscaban de él un informante.

El Peloe siempre, incólume, respondía que un héroe de Malvinas no podía convertirse en un buchón.

Y menos –mucho menos- en alcahuete gratis.

Se dio cuenta rápidamente que algo extraño estaba ocurriendo allí, que no se podía joder, que esta vez no lo estaban apretando por información.

Todo el pueblo estaba alborotado pero él estaba seguro de lo que había hecho en los últimos tiempos.

También sabía muy bien lo que no había hecho.

Pero por sobre todas las cosas sabía muy bien lo que no haría nunca más.

No dudó entonces cuando dijo seria y respetuosamente “no sé que quiere que le cuente”.

El bigote del Principal se puso aún más rígido.

Su falsa sonrisa se desdibujó en una mueca dura, cuando preguntó sin anestesia ¿Qué hiciste el 26 de octubre de 1988 a las 14,30 horas?

-sesteando, señor, porque quedé con mi vieja que la acompañaría al Cementerio a la tardecita, para preparar…

No lo dejó terminar. No lo dejó decir que debían ir al Cementerio a limpiar las tumbas que les pertenecían para el día de los santos.

Empujó para atrás el sillón donde estaba sentado, estrellándolo contra la pared.

Se abalanzó sobre el Peloe, que no atinó a hacer nada.

Lo agarró de la camisa y zamarreándolo le gritó en la cara “pendejo de mierda, a mí no me vas a cagar!” y mirando a su adláter le dijo “llevalo al calabozo, un par de horitas en ablande”, cumpliendo así, la orden que le había impartido el Juez de la causa.

4 comentarios:

  1. Siempre hay, aunque nos pese, estos personajes que cargar con un sino, con un error pasado que los marca para siempre. Y aunque cambien, aunque sean otros mejores, serán definidos y juzgados por aquella memoria.
    Abrazos!

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  2. Etienne: es así. Y en los pueblos -corríjame si no- también uno carga con los aciertos y errores de nuestros antepasados.

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  3. Bien logrado este episodio Agustín, se puede ver realmente lo narrado. Abrazo.

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  4. gustavo: y que usted lo diga... doble ancho me pongo, mire.

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